
… y veo que estoy despierto.
Me levanto, abro la puerta y te busco.
No te veo. Salgo a la calle, atento.
Mirando y mirando, no te encuentro.
De repente, fugaz, desapareces en una esquina.
Corro, la giro y desapareces. Pero no me canso.
Miro hacia el cielo, y sonrío. Sé que existes.
Quieres que te encuentre, pero me lo pones difícil.
¿Quieres jugar? Juguemos.
Cojo aire, y me pongo a correr.
El sol brilla, pero no hace calor.
Perfecto para seguir buscándote.
Los coches y la gente se silencian poco a poco…
mi cerebro sólo piensa en encontrarte.
Mis cinco sentidos, y el sexto, en alerta.
Corro, ando, miro, me vuelvo a girar… pero no te encuentro.
Exhausto me detengo un momento.
Es sólo un alto en el camino. No he tirado la toalla.
Meto mi cabeza entre las piernas, para aislarme.
Cuando la levanto, estás ahí. Inmóvil. Mirándome.
Y sonriendo…
Me tiendes la mano, y anonadado me dejo llevar.
Intento decir algo pero me tapas suavemente la boca.
El “no digas nada” más elegante que jamás me han dicho.
Me llevas a un lugar íntimo, y agradable.
Sin mediar palabra, me miras a los ojos, brillan los tuyos.
Te respondo la mirada. Brillan los míos.
Mi cuerpo está anestesiado, no puede moverse.
Ha pasado a ser de tu propiedad, sin preguntarme.
Inmóvil, veo como te acercas, lentamente.
Puedo sentir tu respiración. Me besas.
Vuelvo a sentir mi cuerpo. Mi corazón late fuerte.
Mi sangre flulle sin obstáculos.
Aún así, sigue siendo tuyo. Sigo siendo tuyo.
Me muestras tal como eres, y siento que estoy en un sueño.
Te beso, me besas. Te acaricio, me acaricias.
Me paso las horas sintiendo tu cuerpo,
acariciando cada centímetro de piel. Me encanta tu olor.
Me encanta tu sabor. Me encantas tú.
Poco a poco nos vamos fundiendo, somos uno.
El tiempo se detiene, y ya nada importa.
Te miro, y me parece estar viendo una película.
Suave, dulce, decidido y apasionado.
Mi cuerpo me hace sentir cosas nuevas,
la química fluye por cada célula.
¿Quién necesita drogas, sintiendo esto?
Pasan las horas, la vida sigue ahí fuera.
Pero aquí dentro, siento que la mía acaba de empezar.
No puedo dejar de besarte, de acariciarte, de sentirte,
de quererte…
Poco a poco, nos vamos calmando. Tus ojos, siguen fijos mirándome.
Los míos, siguen fijos admirándote. No quiero ni parpadear.
Acaricio tus labios, acaricias mi pelo.
Sin darnos cuenta, nos quedamos dormidos.
Abrazados. Uno en frente del otro.
Abro los ojos, y veo que estoy despierto.
Me levanto, abro la puerta y te busco.
No te veo. Salgo a la calle, atento.
Mirando y mirando, no te encuentro…
Sé quién eres pero… ¿quién soy yo?

