…Cuando alguien me pregunta el por qué decidí ser gay invariablemente les contesto que si fuera una cuestión de elección no puedo entender que alguien escogiera esta vida, no es una cuestión de moda, ni un virus que se va con tu ampolletita disuelta en jugo de naranja. ¿Quién podría ser tan masoquista como para enfrentarse a burlas en la escuela? ¿A rumores en la familia sobre tu eterna soltería o tu mano caída? ¿A ser despedido o a no ser contratado? ¿A tener que hacer un doble esfuerzo en todo: doblemente más eficiente, doblemente más paciente, doblemente más fuerte?
Somos de las pocas minorías que se nos sigue tachando de enfermos, de ir contra los valores familiares, de ser gente de segunda, se nos asocia con el sida y la pedofilia, y se nos siguen negando los derechos civiles. El resto de las minorías tiene un psique colectiva distinta, se les ha reivindicado por el pasado, se les han pedido disculpas y ellos saben que no son menos y que no deberían de ser tratados de esta forma, que tienen derechos, que sufrieron injusticias y que estas son condenadas.
Merece que te leas la entrada completa, un poco de mi, que el bloguer mexicano Hectorin cuenta en su blog. Porque las cosas en América Latina parecen seguir siendo tercermundistas en este sentido (que parece mentira, con la que está callendo, que se sigan persiguiendo las preferencias sexuales de alguien que, no me canso de repetir, NACE ASÍ).
Mientras tanto, no muy lejos de aquí, deciden volver a la edad de piedra…

